Con-vivencias

El ruido, la segunda causa de contaminación

 


Cuando estás en casa después de una extenuante jornada laboral, lo primero que deseas es quitarte el estrés y relajarte, tomar quizá una taza de café, ver televisión o simplemente recostarte, pero otra vez ahí está, como cada semana: el concierto musical de la vecina, sus trabajos de remodelación o simplemente el ruido insoportable de su licuadora.

De acuerdo con el diccionario, se llama contaminación acústicacontaminación sónica o contaminación sonora al exceso de sonido que altera las condiciones normales del ambiente en una determinada zona.

En 2011, la Organización Mundial de la Salud determinó que el ruido es el segundo factor más perjudicial para la salud después de la contaminación del aire.

¿En qué afecta nuestra salud?

Aunque no lo parezca, la exposición prolongada a la contaminación acústica se asocia con la pérdida de sueño, problemas de estómago, presión sanguínea elevada, dolor de cabeza, problemas digestivos y cardiovasculares, estrés, irritabilidad, disminución de rendimiento, falta de concentración, cansancio y agresividad, por citar algunos.

Sin olvidar que el exceso de ruido puede ocasionar ira y problemas graves en las relaciones interpersonales, sobre todo para aquellos que habitan en conjuntos y unidades habitacionales, donde la pared es la misma que la del vecino de al lado; de ahí la importancia de respetar los descansos y el horario nocturno.

¿Qué hacer?

Si el ruido de tus vecinos te incomoda antes que nada intenta el diálogo: “más vale un buen arreglo que un mal pleito”. Siempre debe existir la voluntad de solucionar el conflicto antes de llegar a la confrontación o al litigio judicial.

En estos casos resulta importante al papel del intermediario, que en cualquier conjunto o unidad habitacional recae en el administrador, ya que es el encargado de hacer respetar el reglamento condominal para lograr acuerdos en lugar de la aplicación de sanciones.

El ruido generado en casa habitación o vía pública es una infracción contra la tranquilidad de las personas prevista en el Artículo 24, fracción III, de la Ley de Cultura Cívica de la Ciudad de México y puede denunciarse ante el juez cívico o la Secretaría de Seguridad Pública de la CDMX.

Las sanciones van de 11 a 20 días de salario mínimo o arresto de 13 a 24 horas, pero generalmente no se sancionan, pues la operatividad de la policía sólo les permite advertir y solicitar a los infractores que bajen el volumen.

El problema del ruido es sobre todo cultural, por lo que hay que tomar conciencia en términos de salud, de sana convivencia y de calidad de vida.


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