Mechita, la covid y las redes sociales

Por Juana Otero


La noticia corrió como reguero de pólvora y se esparció por todo el mundo. En Wuhan, provincia de China, sus habitantes se encontraban afectados por un virus maligno que los postraba en cama al borde la muerte.

Para sorpresa de todos, el virus conocido como SARS-CoV-2, que provoca una enfermedad a la que se le llamó COVID-19, llegó hasta Europa. Los contagios se incrementaron y con ellos también los decesos.

Los noticieros no dejaban de informar y entonces ocurrió lo inimaginable. El virus cruzó el Atlántico y aparecieron los primeros casos en nuestro país.

Mechita, una septuagenaria pensionada que dedicaba su tiempo libre a escuchar noticias, de inmediato se sobresaltó. Se decía que las personas de la tercera edad eran las más vulnerables para contraer la enfermedad. Ella vivía sola, en una unidad habitacional de las miles que hay en esta gran urbe.

 –¿Qué va a pasar?, ¿qué vamos a hacer? –Le preguntó a Paco el de la tienda cuando fue por lo que necesitaba para su despensa–. ¿Ya escuchó las noticias?

–Sí –respondió Paco–. Van a cerrar comercios y empresas. La gente ya no podrá salir de sus casas y los niños tampoco van a ir a la escuela.–¿Y los que viven solos como yo, qué nos va a pasar? –dijo consternada Mechita.

Las familias se encerraron a piedra y lodo. De manera paulatina, muchas personas empezaron a enfermar y otras más a fallecer.

Bien dicen que no hay mal que por bien no venga y después de un mes de encierro las muestras de solidaridad comenzaron a aparecer.

Así lo descubrió Mechita, después de semanas de sobresaltos y de pasar apuros para conseguir sus alimentos sin tener que salir. Pues se encontró con la grata sorpresa de que sus vecinos de “La Esperanza” –como se llama la unidad localizada en Azcapotzalco– organizaron en WhatsApp un grupo llamado Resiliencia, para apoyarse durante el confinamiento. ¿Pero qué significaba esa palabrita? La capacidad de una persona o personas para hacer frente y superar adversidades. Y sí.

Neófita en redes sociales, aprendió. Y ahora ya podía conversar todas las mañanas con Pepe el tendero, pero también con Cuquita, la de las quesadillas; Ofelia, la que le hacía las compras del mercado, y con los jóvenes Huicho y Santi, quienes se encargaban de los mandados. Ellos y muchos más habían formado una red para ofrecer sus productos y cuidarse entre todos.

 Quienes antaño no se conocían, ni se dirigían el saludo, ahora formaban un animado grupo solidario interesado en los problemas de la comunidad. Fue en esas charlas virtuales donde se comentaba con entusiasmo lo que ocurría en la ciudad y en otras unidades, como el Centro Urbano Presidente Alemán (CUPA), en la colonia del Valle.

–¡Qué bonito es lo que está ocurriendo en el CUPA –comentó Montse, la chica de los aeróbics.

–¡Sí! –enseguida respondió Rocío–. Todas las noches salen los vecinos a sus ventanas para animar al personal del Hospital 20 de Noviembre…

 –Es muy emotivo escucharlos –compartió Beto–. Se asoman a las 7 de la noche y los animan con aplausos y chiflidos.

Enseguida, muchos se unieron animados a la conversación:

–Podríamos organizar un festejo para el Día de la Madre, ya esta muy cerca –dijo Manuel–, quien recién descubrió su talento culinario para hacer pizzas y las puso a la venta con éxito.

–De hecho, la Procuraduría Social y la Secretaría de Seguridad Ciudadana se están organizando para llevar serenatas a las mamás en diversas unidades habitacionales –intervino Ana Luisa–, la de los deliciosos molletes matutinos.

–Podemos hablarles –agregó Pina, la vecina más participativa–, pero si no pueden, nosotros también podemos llevar un poco de alegría a las mamás que están solas y no pueden recibir a sus hijos. Siempre guardando la medidas de seguridad y la sana distancia.

Así, entre planes y propuestas se organizaron los festejos: para las mamás primero, después para los papás y uno especial para los niños. Los abuelos también fueron reconocidos. Y al igual que los vecinos de la unidades Fuentes Brotantes, Picacho Ajusco, Villa Olímpica y Narciso Mendoza, en Tlalpan, recibieron un Abrazo a la Distancia y un espectáculo musical.

Más de ocho meses han transcurrido desde que inició la pandemia y se paralizó a todo un país –reflexiona Mechita con asombro–. Aunque al principio desconocía lo que iba  ocurrir, descubrió que dentro de la tragedia surgieron cosas importantes en el lugar donde vive, como la comunicación que ahora tiene con sus vecinos.

Ya no se siente sola, las redes sociales que tanto trabajo le costaron manejar ahora son un instrumento que le permiten estar cerca de sus seres queridos.

El país, la ciudad y el lugar donde vive cambiaron, se fortalecieron los hábitos de limpieza y es común ver a los más peques pedir sus cubrebocas y su gel.

Los más importante –concluyó– es que cualquier adversidad o situación se puede vencer si se trabaja en equipo con Respeto, Tolerancia, Cooperación y Participación, que son valores de la cultura condominal que pueden ser trasladados a la vida diaria.


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